Sección Literatura

Insignificante Discusión entre Hermanos
Por Walter Edgardo Eckart
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Y sin embargo te busco... y sin embargo te espero..... y sin embargo te quiero...

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La verdad es que estoy en una situación muy complicada. Tengo bronca... y quiero decirte muchas cosas.... aunque me parece que no te van a gustar.... pero en realidad –y en honor a la verdad-..... no me preocupa demasiado que te gusten o no.

¿Viste cuando parece que vas a explotar, cuando experimentas la impotencia hasta tal grado que llegas a temer salirte de tus cabales...?
Bueno... así me siento... y siento la necesidad de hablarte, aunque no te guste lo que oigas....

Pero de todas maneras me pregunto: ¿Cómo...?
¿Cómo hablarte de lo que pienso...?
¿Cómo expresarte el contenido de mi bronca...?
¿Cómo nombrarte...? ¿Dios...? ¿Jesús...? ¿El “absoluto...? ¿Cristo...?

No. No creo.... Nada de eso....

Prefiero llamarte de otra manera, no menos genuina.
Te voy a llamar “hermano”..... porque eso es lo que somos.
Porque fuiste vos el que me hiciste hijo adoptivo del Padre y, por lo mismo, al menos soy un “hermano adoptivo tuyo...”

Te guste... o no...pero me parece que así son las cosas....

Y Además, porque psicológicamente no es lo mismo “pelearse” –si se puede decir así – con Dios, donde el peso de lo divino muchas veces inhibe, que tener una “cariñosa” pelea de hermanos.....

Ahora bien: Eso si... vos tenés que entender que necesito expresarme con libertad... que no puedo estar pensando permanentemente si lo que digo es herético, irracional, blasfemo, capcioso, etc. etc.....

Necesito hablarte con la mayor de las simplicidades, sin autojuzgarme..... sin sentirme juzgado.... en completa libertad, como suelen hacer los hermanos de sangre.

Y quiero comenzar ya de una vez...

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Mirá “hermano”: como te dije, estoy pasando por un mal momento y –la verdad- sé que sabes de mis dolores pero no me basta, porque yo te siento ausente, lejano, y en algunas ocasiones prácticamente indiferente....

Pienso en vos, trato de recordar lo que me enseñaron, trato de refrescar en mi mente los textos de las Escrituras y miles de ideas me viene a la cabeza, y siento verdaderamente la necesidad de decirte algunas cosas, muchas tal vez desagradables, pero que están dentro mío....

Por empezar, no estoy del todo de acuerdo en algunas cosas que me enseñaron sobre vos.

Por ejemplo, me dijeron que te hiciste “carne”, lo cual en cierta forma es mucho más que te hayas hecho “hombre”.
Me enseñaron que el hecho de que la Palabra se haya hecho “carne” implicaba algo así como que asumiste todo lo que el ser humano es, todos sus dolores, toda su fragilidad, todos su ideales, todas sus experiencias, salvo –por supuesto- el pecado.

Y yo.... humm....no sé.... no sé si es tan así....
Porque te pregunto: ¿realmente asumiste y pasaste por las “experiencias” humanas fundamentales...?

Te digo sinceramente lo que pienso, a boca de jarro: ¡Me parece que no!

Si tu vida terrena terminó –por decirlo así (o como se dice popularmente)- a los treinta y tres, ... bueno vos ya de entrada sabes que no viviste en este mundo la etapa posterior.

Digámoslo de otro modo: no pasaste por la experiencia de cumplir los treinta y cuatro...

No te casaste, así que no pasaste por la experiencia de la vida conyugal. No tuviste hijos, de modo que no sabes vivencialmente del traqueteo de un esposo por atender a su esposa o un padre por velar por sus hijos, o llevarlos al médico, o educarlos.

Tuviste discípulos pero.... ¿amigos? ¿Los tuviste...? ¿Tuviste alguien con quien confidenciarte...? ¿Alguien con quien hablar mano a mano....?
No lo creo, porque eras el “Rabí”, el “Maestro”.... y queda la impresión que no era apropiado que el “Maestro” cuente algo de su intimidad a un “simple” ser humano...

No tuviste preocupaciones económicas.... porque es muy fácil decir que “no tenías donde recostar la cabeza” pero –paradójicamente- cuando tuviste que cumplir con el pago de impuesto hiciste sacar la moneda de la boca de un pez....
Escucháme: ....así cualquiera....

Aunque sí pasaste ciertamente por la experiencia de la muerte de un ser querido (como la de Lázaro, a quién luego resucitaste), no tuviste la ocasión de enterrar a “tus muertos”, como lo hace cualquier persona...
Más bien dijiste lo contrario: “Que los muertos entierren a sus muertos...”
Y que feo que suena esto....

Vos no experimentaste los achaques de la vejez.... nunca viviste la experiencia de un anciano en su lecho de muerte, totalmente dependiente del cuidado de los demás.... incluso para sus necesidades más básicas....

¿Entendés lo que digo?

Por tu dimensión divina “sabés” de estas cosas, pero humanamente no pasaste por estas experiencias....

Y a veces, esto hace que un simple mortal como yo, te sienta, desde el afecto, una tanto lejano, aunque por la fe recurra a vos una y otra vez....

Y así, algunas veces, esto hace que uno se sienta sólo, con esa forma de soledad que corroe y destruye por dentro, sin ningún “hermano” por quien ser consolado, animado o fortalecido. Sin nadie.... en el más completo anonimato...

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Fijáte otra cosa.
Los textos bíblico presentan una imagen tuya muy elaborada: es el Hijo que hace la voluntad del Padre y se entrega a la ignominia de este mundo, aceptando incluso la muerte y muerte de cruz.

Pero...¿Te acordás lo que te pasó en el Huerto de Getsemaní....?
Fuiste con tus discípulos y le pediste a Pedro, a Santiago y a Juan que te acompañaran mas de cerca, mientras hablabas con el Padre, sintiendo una angustia profundísima.
Cuando terminaste y viste que se habían dormido...¿No te enojaste, acaso...? ¿No los reprendiste...?
En el fondo: ¿no sentiste que ni tus discípulos predilectos te entendían....? ¿No sentiste –acaso- que no tenían la más pálida idea de lo que vos estabas viviendo en esas horas...?

Te digo más: cuando recibiste los primeros latigazos en la flagelación.... ¿No pensaste ni siquiera por un momento algo así como “Vaya... esto realmente duele... y duele mucho”....?

Y cuando ya flagelado te presentaron ante el pueblo, para que eligieran entre vos y Barrabás, .... ¿No albergaste la esperanza de que el pueblo pidiera tu libertad? ¿No pensaste, al ver a la muchedumbre, algo así como “Yo he curado a muchos de estos....A varios les he devuelto la vista, el oído.... No pueden ser tan hipócritas de votar por Barrabás...” ¿Realmente no pensaste en nada de esto....?

Porque te digo: hacerse hombre en el sentido más pleno de la palabra, implica normalmente especular en una situación así.... Implica albergar por lo menos algún tipo de esperanza....
¿Realmente no pensaste en nada de esto....?

Cuando obligaron al Cirineo a ayudarte llevar la cruz.... ¿no dijiste para tus adentros: “Que bueno... porque yo ya no aguanto más....”
¿Realmente no pensaste en nada de esto....?

Y si en verdad nada de esto pensaste, porque dijiste entonces, antes de morir: “Padre, ¿por qué me has abandonado...?”

Realmente compadezco a los teólogos que prácticamente hicieron magia para que esta frase tuya no desdibujara tu condición de Dios.

Pero de todas maneras, realmente creo que –en cuanto hombre- estabas totalmente quebrado.... padeciendo un dolor insoportable.... y la frase: “Hágase tu voluntad y no la mía” se parece más a un acto de fe que a la más profunda convicción del Hijo de Dios. Al menos esa es la impresión que me da....

Cuando aconteció tu Resurrección, no quisiste que María Magdalena te tocara porque aún no habías “subido donde tu Padre”, pero no te importó ofrecerle al incrédulo de Tomás que meta sus dedos en tu costado, ni te molestó tomar con tus manos y preparar los pescados a orillas del lago de Tiberíades para ofrecérselos como comida a tus discípulos.....

A la luz de esto: cuando no quisiste que María Magdalena te tocara....¿Cúal era el problema...? ¿Temías acaso “santificarla” anticipadamente...? ¿O sentías que si ella te tocaba te iba a contaminar...?

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Tal vez, si me pudieras contestar, me preguntarías: “¿Y que tiene que ver toda esta sarta de cosas que me decís con tu bronca y tu dolor...?”

Y tal vez me dirías incluso: “¿Sos tan necio y ciego que ni siquiera podes descubrir mínimamente todo lo que hago por vos, cada día, a cada minuto....?

Y yo te contestaría que, a veces, los dolores físicos y los dolores del alma que nos afligen a los seres humanos comunes, son tan grandes que nos embroncamos, y que a veces hasta nos revelamos....y que a veces buscamos pelearnos con las personas que más amamos, aunque más no sea para llamar la atención, aunque más no sea para recordarles ¡Qué estamos vivos...!. Que necesitamos consuelo y fortaleza....

Y así, diciéndote lo que te dije, lo que en el fondo estoy haciendo es descargar mi bronca con “mi Hermano”, al mismo tiempo que estoy suplicando un poco más de simplicidad, un poco mas de más de consuelo de tu parte.... porque poco queda ya de mis fuerzas y mi entusiasmo....

No me importa si lo que te dije es la más grande de las burradas.... solo pido que te acuerdes de este hermano tuyo.... que le des la mejor de las manos...que me entiendas.... que te preocupes de mis cosas....

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Hoy puedo estar enojado, embroncado, y hasta decepcionado de la vida, de la fe..... de todo...

Pero sin embargo, -y creéme por favor-.....y sin embargo te busco... y sin embargo te espero..... y sin embargo te quiero...