Sección Literatura


CUENTOS PARA UNA NOCHE DE INSOMNIO
Copyright 2005 por Walter Edgardo Eckart
Versión en Papel: Printed in U.S.A.
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CUENTO UNO: EL JUICIO DE VIDO


I - EL DIVAGUE

Si la vida misma, esa de todos los días, la que transcurre desde que somos engendrados hasta que morimos, ....esa vida... si tomara una forma humana; si se convirtiera en una mujer o en un hombre.... bueno.... tal vez muchos le pedirían algunas explicaciones. Claro,... seguramente muchos otros ni siquiera la dejarían hablar.... simplemente la matarían.....

Creo que si tomara la forma de mujer, se llamaría simplemente Vida... señora Vida ... señorita Vida.... no se. ¿Y si fuera hombre...? ¿Lo llamaríamos Vido...?. Tampoco sé. Pero no importa. Algún nombre tendría.... y también –seguramente- un destino...

Pero fantaseemos e imaginemos que sí. Que la vida se hizo hombre –varón- y que el mundo lo llamó Vido. Y no lo mataron.....

Por supuesto que es ridículo.... pero en este campo de la fantasía... la ridiculez no tiene límites. Podemos hacerlo todavía más ridículo....

Por ejemplo, imaginemos ahora que Vido fue llevado a la cárcel, mientras espera el juicio oral y público. Los cargos principales en su contra son: genocidio, presunto autor de un enquistado y mentiroso mecanismo de destrucción urbana, presunta cabeza de una red de chantajistas de gente de clase alta, media y baja; partícipe necesario de una asociación ilícita de engaño a las religiones, manipulador de una gran parte de los pensadores “independientes”.....

Y claro.... los cargos siguen....
Pero Vido siempre estuvo bien asesorado. Y más en este caso. Sabe de la gravedad de los cargos.... sabe que, incluso, le pueden dar la pena de muerte. Sin embargo, está tranquilo. Sus defensores le han obligado a repasar las estrategias una y otra vez.
De algún modo, tiene certeza de cómo terminará todo. Bien. Y eso lo tranquiliza, aunque tenga que padecer temporalmente la cárcel.

Es cierto que al principio estuvo un poco nervioso. Afrontar un juicio donde la demandante es nada menos que la creciente AVV –Asociación de Víctimas del Sr. Vido - .... es difícil. Y esos cargos.... increíbles....

Estuvo nervioso e incluso no pudo dormir varias noches, en esos primeros días.... Pero luego todo comenzó a volverse “normal”.

Los primeros síntomas de esta “vuelta a la normalidad” los comenzó a percibir cuando sus abogados le comentaron sobre cómo habían logrado excluir a algunos miembros del futuro jurado.

Como el caso de un indigente, propuesto por la fiscalía, que quedó fuera por “manifiesto prejuicio contra el Sr. Vido”.....; o el caso de un empresario en bancarrota, por ”evidente proyección de responsabilidad sobre el Sr. Vido”......

En fin.... esas primeras noticias lo habían tranquilizado. La cosa estaba yendo bien.
Y siguió mejor. La fiscalía, cual gallo de riña alentado por sus apostadores, abusó tanto de la prensa, que –finalmente- comenzó a perder terreno.

Los abogados de Vido, por su parte, tuvieron siempre -frente a los medios- una actitud de respeto, cautela y firmeza. No acusaron a nadie ni anticiparon nada. Solo se limitaron a afirmar que la verdad afloraría en el inminente juicio.

De todas formas, Vido –a pesar de que las cosas se estaban normalizando- conservaba todavía una inquietud. Le costaba
entender por qué un grupo tan grande de especialistas en derecho lo estaba apoyando –defendiendo- sin cobrar nada....
Un día no aguantó más y convocó a todos sus defensores. Y planteó abiertamente su inquietud.

La respuesta lo sorprendió.
En efecto, uno de sus defensores –haciendo las veces de vocero del resto-le dijo:

Sr. Vido: no esperamos que lo entienda. De todos modos sepa sólo una cosa: defenderlo a Ud. nos ayuda a nosotros mismos.... es –como decirlo- algo así como reivindicarnos. Estamos convencidos que nuestra suerte –y la de todos- depende de nuestros actos... de nuestras decisiones... y que nadie tiene el derecho de imputar sus propios fracasos a otros.....

Vido escuchó y calló.....


II - El JUICIO

El día había llegado. Le acercaron a Vido unos cuantos trajes, para que eligiera el que mejor le iba.
Horas antes del inicio del juicio, la cárcel –en cierta forma- se había sumido en un gran silencio. De algún modo, todos estaban algo impacientes. El nerviosismo se había contagiado.

Sobre las cinco de la tarde, un transporte federal recogió a Vido y lo llevo al tribunal. Lo condujeron a una especie de locutorio, y debió aguardar allí más de media hora. Después, dos guardias lo condujeron por un pasillo, que –finalmente- dio a una puerta lateral del recinto.

Vido entró entonces a la corte y comenzó a transpirar. No podía creerlo. El recinto estaba absolutamente lleno. Miró el rostro de la gente y sólo pudo percibir el odio.

Cuando llegó al mesón de la defensa, encontró a todos sus defensores y un lugar vacío. Le hicieron señas para que lo ocupara.... y Vido se sentó. Todo estaba a punto de comenzar....
En efecto, al cabo de unos minutos un oficial de la corte anunció el ingreso del Juez, utilizando los consabidos protocolos.

****

Señores miembros del jurado: -comenzó una abogada, en representación de la fiscalía-.
Estamos iniciando uno de los juicios más trascendentes en la historia de la humanidad. Por fin tenemos la oportunidad de ver el rostro de una de las formas más aberrantes de existencia que hayamos conocido o que hayamos podido pensar o imaginar....

Por fin hemos logrado traer a este recinto al Sr. Vido... Por fin podremos condenar a quien tanto mal ha causado: a cada uno de nosotros, a nuestros familiares y amigos... en fin, a la sociedad en su conjunto.
Les puedo asegurar que esta fiscalía sobreabunda en pruebas fundadas que- sin dejar lugar a la más mínima duda razonable- les dará la posibilidad (finalizado el juicio) de solicitar hasta incluso la máxima pena para este sujeto, a quienes muchos –seguramente tan perversos como él- lo llaman- “el gran Sr. Vido”.......

Saben Uds. ya los múltiples cargos que deberá enfrentar el Sr. Vido. No se los voy a repetir porque lo tienen en sus oficios. Pero tengan la seguridad de que ninguno de ellos es infundado.

Cuando preparábamos esta presentación del caso, nos planteamos muchas cosas, muchas formas. Finalmente decidimos no perder tiempo. Nos dijimos para nuestros adentros: “vayamos directamente al grano”. Y así lo vamos a hacer. Nada más su Señoría....

****

El abogado representante de la defensa se levantó lentamente. Miró al jurado... rostro por rostro... y comenzó:

Les aseguro que no quisiera estar en el lugar del Sr. Vido.... Pero no es que quisiera no estar en su lugar por los múltiples e “increíbles” cargos contra su persona, sino porque.... bueno –simplemente- porque sé cómo él se siente: desconcertado, tenso, manoseado por la prensa y sobre todo.... sobre todo, decepcionado....

Se acercó el defensor un poco más hacia el jurado, hizo una pausa, los miró a todos nuevamente, y prosiguió.

Si. Aunque les parezca increíble. Decepcionado....
Y tal vez algunos de Uds. me dirá: ¿Decepcionado? ¿No le parece exagerado...?
Y en ese caso yo le respondería: No.

No. Porque la decepción del Sr. Vido tiene como fundamento una extraña y amarga sensación que -si se tratara de un juicio político- se la podría definir como una “operación en su contra, perfectamente planeada y ejecutada”.
Pero claro... este juicio no trata sobre una cuestión política....
Aunque, por otra parte, la AVV –en realidad- en lo que respecta a las incontables imputaciones presentadas contra nuestro defendido, ha hecho algo muy parecido, como ya se lo iremos demostrando.

Por lo pronto, preguntémonos cómo es posible que la totalidad de los miembros de la AVV hayan logrado traer al estrado al Sr. Vido, con acusaciones tan graves, sólo con el “parecer” de sus “¿víctimas?”, sólo con la “opinión”, pero sin ninguna evidencia contundente....?

Pensemos, por ejemplo: ¿Basta decir “nosotros creemos que....” para acusar al Sr. Vido de –por ejemplo- “genocida”...? ¿No es ridículo?...Claro que sí...

Por supuesto que la fiscalía –como les dijo al principio- pretende convencer de que “tiene pruebas irrefutables”.

Yo les digo. En este juicio verán cuánto de “irrefutable” tienen esas supuestas pruebas.
Nada más, su Señoría.

****

Con esto, los alegatos iniciales de ambas partes se habían completados.

En adelante vendrían un sin número de interrogaciones a testigos, conclusiones parciales, objeciones y contra objeciones, y ....en fin.... una especie de “guerra a muerte” por consolidar la posiciones.....

En efecto, cuando todo ya estuvo listo, la fiscalía llamó a su primer testigo.

Después del ritual del juramento de “decir la verdad y sólo la verdad” por el que debe pasar todo testigo, la fiscalía lanzó su primera pregunta.

****
Por favor... ¿podría decirnos a todos nosotros qué es aquello que aconteció en su vida y que la decidió a ofrecer su declaración en este juicio?
Si –contesto la testigo, una señora de unos 38 años-.
Verá... a lo largo de estos años fui comenzando a sospechar del Sr. Vido. La muerte prematura de mi padre.... el repentino fracaso en mi profesión,.... el adulterio de mi esposo... Bueno.... todo eso me hizo reflexionar.... No creo haber hecho nada como para merecer todas éstas desgracias....

Pero todo se volvió absolutamente claro cuando mi segundo hijo.... nació mal... nació deforme....y luego murió. Fue ahí cuando me dije “esto no es justo”....Fue ahí cuando tuve la certeza de que detrás de tantos males estaba.... la macabra mano del Sr. Vido....

La fiscal, preventivamente, hizo a la testigo otra pregunta:¿Y por qué cree Ud. que es el Sr. Vido el responsable de estos males...?

La testigo contestó: La verdad es que me extraña que me pregunte esto. Todos sabemos, hasta su Señoría, que es el Sr. Vido el que –en cierta forma- maneja nuestras existencias.... El Sr. Vido es algo así como el ámbito invisible en el que nacemos, crecemos, nos educamos, conformamos una familia, hacemos nuestros proyectos.... A nadie se le escapa –creo- que es el Sr. Vido, con su inmenso poder, el que está detrás de todo esto....

Gracias, -dijo la fiscal, y mirando a la defensa del Sr. Vido, concluyó:- Ahí tiene a su testigo.

****

El representante de la defensa se dirigió a la testigo y le preguntó:
Cuándo Ud. dice que es el Sr. Vido el que “en cierta forma” maneja nuestras existencias... ¿Está afirmando que su existencia –como la de tantos otros- es también manejada “de otras formas”, por “otros factores” o hasta incluso “por otros autores” que nada tienen que ver con el Sr. Vido?

Bueno... creo que sí -dijo la testigo y agregó- pero creo que...
Gracias señora –la cortó la defensa y concluyó- Nada más con esta testigo su Señoría.
****
La nueva sesión sería al día siguiente, a las diez de la mañana. Vido estaba en su celda, con la luz apagada, pensando en la tarde que había vivido. Pensó, por ejemplo, en la cortante pregunta que su defensa había hecho a aquella mujer.
Y no le gustó demasiado. Sintió algo así como una especie de “compasión” por aquella madre, y le costaba entender como se podría compatibilizar esos sentimientos que afloraban en él con la necesidad de una defensa idónea.

****

Quince minutos pasada las diez de la mañana todo se reanudó. Esta vez el testigo era un hombre de unos cuarenta y cinco años. No subió al estrado, sino que solo se aproximó a el. Le acercaron un micrófono a su altura. Estaba es una silla de ruedas......

****

Como saben, -dijo- quedar paralítico es algo que nadie se lo imagina en su vida.... hasta que le pasa....
En mi caso particular, he buscado por unos cuantos años alguna forma de explicación que me tranquilice.... que me diga:”esto te pasó por esto o aquello”.....
Sin embargo, hasta el momento, todo es un interrogante: intentar levantarme una mañana y no poder hacerlo.... ser internado.... perder mi trabajo... cortar los estudios de mi hijo...terminar finalmente en una silla de rueda.... ¿por qué?

El abogado del Sr. Vido, llegado el momento preguntó: ¿A ver si entiendo...... Ud. hace responsable a mi cliente sólo porque no ha encontrado una explicación a su terrible experiencia...?

No-dijo el hombre- Lo hago responsable porque entiendo que el Sr. Vido –la vida misma, en otras palabras- ha sido injusto conmigo... destruyendo todo lo que yo había construido, destruyendo mis ideales y los de mi familia.....

Pero dígame Sr. –continuó la defensa- ¿No es cierto –acaso- que le podrían haber pasado cosas peores todavía...? ¿No es
cierto –acaso- que también su hijo podría haber quedado paralítico, o peor aún, totalmente postrado? .....
¿No es cierto que su esposa podría haber muerto o estar agonizando....?.... ¿No es cierto?.....¿No es cierto.... tantas otras posibilidades....?

Pues supongo que sí... –contestó el hombre-.

Y entonces –prosiguió la defensa- si el Sr. Vido es responsable (según Ud.) de todo lo que le pasa, de todos los males que le pasan.....dígame.... dígales al jurado.....¿Quién sería el responsable de que su hijo goce de buena salud o su esposa siga acompañándolo....?

Pues.... supongo que Dios –respondió el hombre-.
Y dígame entonces.... ¿cómo hace para saber que lo bueno que le pasa es por obra de Dios y lo malo sólo por obra del Sr. Vido...?¿Podría probar que lo bueno sólo le viene de Dios y lo malo sólo por obra del Sr. Vido?¿Podría probarlo...?

El hombre pensó unos segundos y luego contesto: Probarlo.... creo que no.... pero también creo que Dios solo puede darme cosas buenas.....

Creo.... Creo....Creo –expresó la defensa- No puede probarlo.... pero cree....
Le pregunto...¿Le parece acertado que lo que Ud. “cree” sea el argumento suficiente para condenar a mi cliente...? Dígame la verdad .... ¿No le parece que podrían existir otras explicaciones, aunque todavía nosotros, simples mortales, no las conozcamos...?

Bueno –respondió- sí... tal vez haya otra explicación......

Gracias Sr. Nada más con este testigo, su Señoría....

****

Después de unos minutos, cuando el hombre ya fue alejado del estrado, la fiscalía llamó a un nuevo testigo. Éste, parecía ser la contracara de todos los anteriores. Se acercó al estrado
rápidamente, su rostro estaba sereno y hasta manifestaba alegría.
Definitivamente esto sorprendió a la defensa. La fiscal, por su parte no se inmutó.

Después del juramento y a solicitud de la fiscal, el hombre comenzó a relatar su historia.

En realidad - expresó – las cosas me van muy bien. Tengo una familia, una esposa adorable, dos hijos, un excelente trabajo.....Si......Realmente me está yendo muy bien.

La fiscalía entonces – no sin algo de nerviosismo – se dirigió al testigo y le dijo: Todo eso lo sabemos pero...¿por qué no nos cuenta sobre sus inicios?

Por supuesto – dijo el hombre – Hoy estoy bien pero no siempre fue así.
Comencé con un trabajo miserable, luego pasé a otro y ... para llegar adonde estoy, comprendí que debía seguir las reglas de la vida... o mejor dicho... las reglas del Señor Vido...

Para llegar hasta donde he llegado –como les decía- he tenido que aprender a disimular, a mentir e incluso a ser deshonesto...

¿Por qué?

Porque esas son las reglas de la vida... De alguna forma se nos enseña, desde que somos muy pequeños, que todo está regido por algo así como “La ley de la selva” o el “Sálvese quien pueda”... Desgraciadamente uno aprende todas estas cosas del Señor Vido... de la vida...y tal pareciera que es la única receta para que las cosas funcionen bien.

La fiscal lo interrogó nuevamente: Solo por curiosidad: ¿qué le diría hoy al Señor Vido cuyo rostro puede ver a pocos metros de Usted?
El hombre contestó: Mas bien le preguntaría por qué me ha tratado tan mal en mi primera juventud como para que llegue yo a ser hoy lo que soy....

****
Estimadísimo señor –comenzó la defensa- ¿Podría explicarnos usted qué arma o qué medio de coacción utilizó el Señor Vido para hacer que se vuelva usted un egoísta, falso, mentiroso, y ladrón...?

La fiscalía protesto pero el juez permitió la respuesta.

El hombre, por su parte, antes de contestar titubeó por algunos segundos.

No es que me haya obligado, sino que simplemente no me dio espacio para otra opción distinta.

Muy bien... muy bien -replicó la defensa-...Opción...Si...Usted lo ha dicho...Fueron sus opciones. ¿No es acaso usted el que decidió falsear, mentir o robar...? Cuando hizo estas cosas que tan felizmente las cuenta...¿No ejercitó acaso su libertad...?¿No fue usted el que eligió hacer estas cosas...?¿No podría acaso haberse negado a todo esto y ser un hombre solidario, veraz y honesto, aunque tal vez, con menos bienestar y confort...?

No lo sé –contestó el hombre-. En aquellos tiempos las cosas eran muy confusas, al menos para mí...

Pero entonces –replicó la defensa- ¿a quiénes mas va a echarles la culpa de todo esto...?¿Al Señor Vido...a la vida?...¿A su confusión?...¿A quién o a cuántos más va a echarle la culpa?

El hombre quedó mirando al recinto y ya no contestó nada. La sonrisa ya había desaparecido de su rostro.

****

Lo que siguió fue un nuevo cuarto intermedio. Cuando la mayoría comenzaba a despejar la sala, uno de los abogados de la defensa pudo ver –casi de casualidad- que la fiscal se acercó al
juez, intercambiaron unas palabras y luego ambos se dirigieron al despacho privado del magistrado.

Todos los integrantes de la defensa, fueron puestos al tanto de esto y por esto mismo decidieron quedarse en sus lugares, con
la sala vacía y la mayoría de las luces apagadas, decididos a esperar la salida de la fiscal de la oficina privada del juez.

Al cabo de unos veinte minutos, efectivamente, pudieron escuchar una puerta que se abría y, transcurridos algunos segundos, la fiscal ingresó nuevamente al recinto vacío.
Por supuesto, no esperaba a la defensa del Señor Vido en sus lugares, casi en penumbras.
Pero reaccionó rápidamente y dirigiéndose a ellos les dijo:

Vaya...Vaya...Se ve que algo los indujo a quedarse...Seguramente para husmear algo...
Pues bien –continuó- voy a satisfacer su curiosidad. Aunque va a ser anunciado en la jornada de mañana, les anticipo ahora (y espero que sepan disimular el sarcasmo), que le he comunicado al juez que –con el consentimiento de los clientes a quienes represento- he decidido dar por finalizada la extensa lista de testigos definidas al principio...Ya nadie más subirá al estrado como testigo de la fiscalía...

Seguramente se preguntaran ¿por qué?...Pues bien...Descubran ustedes mismos la respuesta...
Que tengan una buena tarde...

Dicho esto, la fiscal se dirigió a su escritorio, juntó sus papeles, los introdujo dentro de su maletín y con paso firme se retiró de la sala.


****

Al día siguiente, a media mañana, todo se reanudó. Pocos segundos después de que el juez se hizo presente en el recinto, esta vez fue la defensa la que se acercó al magistrado y le solicitó un diálogo privado.
El juez decretó un nuevo cuarto intermedio de quince minutos y se retiró a su oficina, seguido por la totalidad de la defensa del Señor Vido.
Transcurrido el tiempo, retornaron a la sala y, cuando todo parecía volver a la normalidad, todos los presentes fueron informados –sorpresivamente- de las últimas novedades.
En efecto fue el juez mismo el que, dirigiéndose a los presentes, dijo:
Quiero informar que ésta Corte ha aceptado la solicitud de la fiscalía efectuada en la tarde de ayer de suspender los testimonios de los testigos propuestos inicialmente.

Quiero aclararles que tanto la solicitud de la fiscalía en ésta materia, como la aceptación por parte de la Corte se realizó bajo la condición de no explicar los motivos que impulsaron a la fiscalía a tamaña solicitud, por considerar que cualquier forma de explicación es irrelevante a los fines del dictamen del jurado y, potencialmente, un factor de mayor confusión para los ciudadanos aquí presentes y la opinión pública en general.

Al mismo tiempo, quiero informarles que también la defensa del Señor Vido, hace algunos minutos, ha solicitado exactamente lo mismo, es decir, ningún testigo de la defensa subirá al estrado, a excepción sólo de uno, el cual –por convenio con ésta Corte- tiene la facultad de no acceder a prestar testimonio.

Por éste motivo, solicito ahora a la defensa que llame al estrado a su testigo.

La sala se llenó de murmullos entremezclados. Daba la impresión de que nadie entendía nada. Luego se fue haciendo, poco a poco, un silencio que llegó a ser sepulcral.

Al cabo de unos segundos, el abogado director de la defensa del Señor Vido se paró, y dirigiéndose al juez dijo:

Su Señoría...En el marco de lo que usted mismo acaba de señalar, y puntualizando que por convenio con ésta Corte el testigo puede negarse a declarar, ésta defensa llama ahora al estrado a la señora fiscal...

Ésta vez ya no fueron murmullos. El estupor de los presentes se manifestó con una gran variedad de comentarios, sonidos guturales, y varias otras formas de “ruidos”...

La fiscal, por su parte, al principio pareció no darse por enterada de nada, y permaneció mirando su escritorio, hasta que la voz del juez la retrotrajo a la realidad...
¿Y bien señora fiscal...?¿Accede usted a prestar testimonio como testigo de la defensa...?.
La fiscal siguió mirando su escritorio, en absoluto silencio, para luego levantar la vista lentamente y mirar a la defensa y luego al juez...
Si su Señoría –respondió- y acto seguido se dirigió al estrado y cumplimentó los rituales de forma que se requieren para todo testigo.

Transcurridos unos instantes, el director de la defensa formuló su primera pregunta.
Esta defensa sabe que lo que estamos viviendo en éstos momentos es sumamente extraño y hasta casi anormal. Pero al mismo tiempo esta misma defensa le agradece señora fiscal su disponibilidad.
En concreto, son pocas las cosas que queremos preguntarle....La primera de ellas es...¿Por qué ha desistido usted de presentar al resto de sus testigos...?

La fiscal contestó: Por convenio con ésta Corte me abstengo de responder...
Está bien... Está bien...aseveró la defensa.
¿Podría decirnos al menos si tiene la sensación de que al hacer lo que hizo, de algún modo le ha fallado Ud. a sus clientes...?
No –contestó la fiscal-.
El trabajo de la fiscalía no es hacer justicia, ni tampoco es el trabajo de la defensa. Tanto ésta fiscalía como la defensa solo tenemos, dentro del Derecho, la tarea de aportar elementos de juicio a su Señoría...Y ésta fiscalía entiende que, por tratarse de un caso tan especial, donde ningún argumento es unívoco sino más bien ambiguo, proseguir sería simplemente continuar con el mismo círculo vicioso, en el cual lo que dice un testigo admite varias lecturas...normalmente contradictorias entre sí,...tal como lo ha demostrado el desarrollo del juicio hasta ahora...

Exacto –dijo la defensa-. Totalmente exacto... y recomendamos que los miembros del jurado se percaten de esto...

Éste no es un caso, por ejemplo, de homicidio –continuó la defensa-, donde los elementos que cuentan –normalmente- son “motivo”, “arma homicida”, “oportunidad, “cadáver”...
Lo que estamos viviendo es totalmente distinto...No se puede probar ningún motivo, ninguna oportunidad, ningún arma, aunque...sí tenemos víctimas...

Señora fiscal...¿No es cierto, acaso, que cualquier ser humano en algún momento experimenta que la vida, que el Señor Vido, ha sido injusto con él...?¿No es cierto señora fiscal que las personas convivimos con una especie de resentimiento o dolor porque algo ha trastornado nuestras vidas y no sabemos como explicarlo...?

¿No es cierto acaso que esto nos sucede aún cuando las cosas en general nos vayan bien...?

Sí –respondió la fiscal- y por esto...creo que –como lo dije al principio- todo testimonio que se pueda presentar en ésta Corte estará marcado siempre por la ambigüedad...

La última pregunta –prosiguió la defensa-¿Cree Ud. señora fiscal que son necesarios los alegatos finales de las partes en éste juicio...?

Después de pensarlo unos segundos, contestó: No..... Creo que todo esto constituye un hecho excepcional...Creo que el jurado ya tiene los elementos para deliberar con sensatez...

Gracias señora fiscal –expresó la defensa-. Nada más con ésta testigo su Señoría.

Luego de una pequeña pausa, los defensores se dirigieron al juez y expresaron: Ésta defensa entiende, entonces, que su Señoría puede ordenar que el jurado se retire a deliberar, habida cuenta de que es opinión compartida entre las partes que sobran los alegatos finales.
Tanto la defensa como la fiscalía aguardaron a que finalice la deliberación del jurado.
Después de cuatro horas el jurado retornó al recinto y cuando el juez le preguntó si tenían un veredicto, el presidente se irguió y contestó: Sí su Señoría.
A continuación un oficial de la corte llevó el veredicto a manos del juez, éste lo leyó, lo devolvió al presidente del jurado y le solicitó que expresara en voz alta el dictamen.
El representante del jurado comenzó a leer cada uno de los cargos que se le habían imputado al Sr. Vido,.... y para cada uno de ellos dictaminó siempre un único veredicto...: “Culpable...”


III - El ABSURDO

¿Vieron...?. En el campo de la fantasía...todo es posible. El Señor Vido fue condenado a muerte. Un jurado –vaya a saber por qué- decidió matar la vida.... Y –encima- un diario de altísima tirada, refiriéndose a la sentencia y -por un increíble error o por una malicia encubierta- puso como título en primera plana que tal sentencia correspondía íntegramente a un justo “ Juicio Debido... “

Sólo una anciana, -sabia y con muchas ganas de vivir-, al leer el diario dijo para sus adentros: Y sí.... parece que la vida siempre lleva las de perder.... aunque no haya motivos para condenarla.... Parece que todos preferimos, contra toda razón y justicia, culpar a otros, incluso a la vida, en vez de hacernos cargo de nuestras decisiones .... Pero bueno... tal vez algún día aprendamos......

CUENTO DOS: EL REGRESO


CAPITULO I

La verdad es que estaba caminando bastante lento, sin ningún apuro, con una bufanda protegiendo mi cuello y las manos en el bolsillo del saco.
Caminaba y meditaba ciertas cuestiones. Según lo pactado, pocos minutos antes habíamos terminado -con mi esposa- la lectura de la carta. Quedamos realmente conmocionados.
Mi esposa sólo pudo lagrimear en silencio. Yo me quedé aturdido.
Ahora, mientras caminaba -solo-, comencé a pensar muchas cosas.

Pensaba, por ejemplo, en lo horroroso que debe ser desear profundamente algo y no poder alcanzarlo.
Consideré también que si eso que se desea toca incisivamente las profundidades del corazón, entonces la desgracia es ya infinita, espantosa, putrefacta.
No me imagino una desgracia mayor, sencillamente porque no hay peor desdicha que buscar eso que llamamos felicidad y no hallarla.
Porque, en el fondo, de eso se trata: si algo es capaz de atacar de raíz el corazón, es porque ha entrado en juego el drama existencial más profundo: la búsqueda de la realización personal bajo la forma de la búsqueda de la felicidad.

En medio de mi dolor, recordé el contenido de la carta y pensé para mis adentros ¡Y hay tanta gente infeliz que quiere dejar de serlo y no sabe cómo....!. Por eso, no creo que haya una experiencia mayor de impotencia que ésta: desear ser feliz - con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser- y no poder serlo. Solo la imagen del infierno me pareció más o menos
apropiada para ilustrar -como de lejos- un dolor tan grande y aberrante.
Y no creo que haya un miedo mayor que éste, al menos en quienes han tomado conciencia de lo que significa vivir.

Caminando por la vereda y para sorpresa mía, me encontré con un amigo que hace tiempo no veía. No es que fuésemos grandes amigos, pero compartíamos cierta intimidad, aunque no el modo de pensar. En realidad éramos muy diferentes en un montón de cosas.
Lo saludé con el entusiasmo del que fui capaz y fuimos a un café. Escuché sus novedades y yo, por mi parte, le compartí las mías. También le conté lo de la carta, que lo impactó bastante.

Seguimos charlando durante un tiempo bastante largo. En un momento yo le expresé algo de lo que había estado meditando mientras caminaba. Él me escuchó en silencio y después me dijo: la felicidad es una utopía. Nunca se es feliz. Y como todos intuimos esto, algunos nos “anestesiamos” para no sentir el dolor de no serlo: o con los ideales, o con la religión, o con el suicidio, o con cualquier otra cosa.

Lo escuché y le dije que, si él estaba en lo cierto, entonces el ser humano era un absurdo: ¿Cómo podía latir en sus entrañas un anhelo tan grande si éste era imposible de realizar?
No me hizo caso. Volvió a exponer sus ideas y dio por terminado el tema.
Me pareció que estaba un poco incómodo.

A la salida del café compró el diario en el kiosco, miró la tapa, me comentó uno de los titulares y me hizo ver cómo aquella noticia era absolutamente previsible.
Me pidió que salude a mi esposa en su nombre, con un abrazo se despidió de mí, y siguió su camino.

Y yo me quedé quieto, mirando al amigo que se iba. Para mi sorpresa, cuando estaba él por cruzar la calle, se dio vuelta y con una triste sonrisa me gritó: Algunos nos anestesiamos leyendo el diario. Y siguió caminando.
Y esta vez, el de la triste sonrisa fui yo.

Creo que todo eso me impactó bastante.
Seguí caminando y comencé a recordar. Recordé la charla del café, recordé el rostro de un cura y también el de mi mamá;
recordé el título de un pequeño librito, más o menos sabio: El arte de amar. Y me sonreí tristemente. Y pensé para mis adentros con cierto sarcasmo ¿Cuándo se escribirá en serio sobre El arte de vivir?.
Concluí que tendría que ser no un pequeño libro sino una enciclopedia, con tantas hojas como dolores y trampas hay escondidos en el corazón del hombre. Y comprendí -como se dice en alguna parte- que entonces ni el mundo mismo sería capaz de ofrecer un espacio tan grande como para recibir una obra así.

Me dije que vivir es realmente una aventura hermosa y desafiante a la vez. A veces, demasiado desafiante.....
En cierto sentido, pensé, es como un gran reto. Si. Es un reto serio vivir, “vivir dignamente”. Y no estaba aludiendo sólo a lo material, sino también a aquello otro; a eso que hace que uno prodigue bienes a los demás porque lleva en el corazón el misterioso tesoro de vivir en plenitud.

Más de una vez me pregunté qué será lo que pasa por la mente de quién se descubre infeliz y sin medios para cambiar. Siempre supuse que una situación así, cuando menos, lleva a la locura. No creo que la psiquis humana esté preparada para resistir cabalmente algo semejante.

Una vez alguien me había dicho que todo lo que no se puede contar, por lo menos a una persona en el mundo, eso es malo.
Recordé nuevamente la charla del café y pensé que la cosa no es tan así. Acudí a la memoria para visualizar el rostro de mi amigo y concluí que, a veces, hay cosas que pasan en las vidas de las personas, que no se pueden contar a nadie porque uno mismo no las entiende, y aunque las entendiera, no sabría como expresarlas.
Es cuando el misterio de lo humano hace sentir su peso.
Y seguí caminando.....


CAPITULO II

A veces, el lento caminar tiene algo de mágico. Es como que uno se encuentra de golpe con una faceta nueva de la archiconocida realidad cotidiana.

Digo esto porque, ensimismado en mi caminar y de repente, no se cómo, me quedé contemplando la imagen de un mendigo. Una de esas personas que se suelen sentar en la vereda, por la mañana temprano, junto a una obra en construcción.

No sé por qué me detuve, lo seguí mirando, y finalmente me senté a su lado. En silencio.
Hacía frío y él tenía en las manos una botella de agua mineral. Cuando me la ofreció le pregunté qué contenía. Me dijo que alcohol puro.
Con recelo pero... me animé... y tomé un trago cerrando los ojos.....

Luego le pregunté porque bebía semejante cosa.
Me dijo que por tres motivos: primero, porque era alcohólico; segundo porque no tenía dinero para conseguir algo mejor; y tercero, por lo mismo que yo había bebido el primer sorbo: por un gran dolor en el corazón.
Me desconcertó la última parte de la respuesta. No la esperaba.

Con cierta picardía le pregunté por qué suponía que yo llevaba dentro un gran dolor.
Mientras seguía mirando a la gente que pasaba me dijo: ¿Qué pensaría Ud. -si estuviera en mi lugar- de un señor bien vestido, afeitado y de manos cuidadas, que de sopetón se sienta a su lado, le acepta un trago de alcohol, se queda mirando como obnubilado a la gente, sin siquiera sospechar que casi lo atropella un auto al cruzar la calle?

Me avergoncé.
Ahora que él lo decía comprendí que era cierto. De mi inconsciente brotó la imagen de un auto, frenando a centímetros de mis pies.
Creo que me ruboricé. Lo miré, le saqué de las manos la botella y bebí un nuevo sorbo.
Cuando me repuse, endurecí el rostro y, como con indiferencia, le pregunté:¿Y cuál es el dolor que agobia tu corazón?

Me contestó: Sabe..... a veces me asombra la inconsistencia de algunas peguntas que hace la gente.....
Era la segunda vez que sentí que me tomaba el pelo. Me embronqué.
Hice el intento de levantarme para continuar mi camino, pero me agarró del brazo. Siguió mirando a la gente, y mientras lo hacía me dijo: Espere....discúlpeme. Quédese. Se lo voy a contar. Tal vez incluso eso me alivie.

Lo pensé un momento y luego me aflojé. Me quedé en silencio, esperando.
Él bebió un nuevo sorbo. Siguió mirando a la gente y después me dijo:
El ser humano tiene una fortaleza tremenda. En cierta forma es soberano de todo. Pero tiene su talón de Aquiles: el desamor. Sólo la ausencia del amor puede derrumbarlo.

Yo antes tenía familia: una mujer, un hijo precioso. Trabajaba. Era carpintero, sabe.....Trabajaba con todas mis fuerzas y, aunque ni siquiera terminé el secundario, siempre me di un tiempo para leer. Es algo que aún hoy me apasiona, aunque ya no tengo libros ni dinero para comprarlos.

Mi esposa era una santa. Nunca voy a entender por qué la maltraté tanto si la quería con toda mi alma. Mi hijo, gracias a Dios, no era en nada parecido a mi. Heredó el temple de la madre.
A veces lo contemplaba y veía como crecía: fuerte, erguido, vivaz, alegre.

Una mañana, en el desayuno, me dijo que le dolía la columna. Yo no le di importancia.
Al tiempo me lo volvió a decir. Tampoco le hice caso. Un día no se pudo levantar de la cama porque le dolía demasiado.
Lo llevamos al hospital. Primero estuvo en traumatología. Después le hicieron los estudios. El resultado fue: cáncer en la columna.
Le dieron un tratamiento, le aplicaron rayos..... Así estuvo un año..... Por temporadas en el hospital y tiempos cortos en la casa.
Un día nos dijeron que ya no se podía hacer nada, que el cáncer había hecho metástasis por todas partes. Murió en la madrugada de un martes.

Esa noche -la del lunes para martes- yo había ido al hospital, después de cerrar la carpintería. Entré caminando por la playa de estacionamiento. Doble hacia la derecha y seguí hasta que me encontré con la sala de aislamiento.
Entré a la sala, y mientras caminaba, veía a los distintos enfermos, en sus camas, detrás de la media pared que indicaba el límite del pasillo. Hasta que llegue a la cama de Javier. Me senté a su lado y lo acaricié permanentemente. Murió a los dos de la mañana.

Cuando murió, miré a todos mis parientes, a mi esposa. Los dejé y salí a caminar. No fue lo mejor, pero fue lo que hice.

Caminaba y lloraba.
Lloraba y pensaba.
Incluso recordé a alguien -un joven muy religioso, autor de un pequeño libro- que había dicho que la muerte es, sin dudas, el gran momento de la existencia humana.
En cierta forma -decía ese autor- la muerte es la clave de lectura de todo cuanto existe en este mundo. Es la gran novedad. La experiencia única. En el horizonte de la fe, la muerte es el momento más deslumbrante, más maravilloso, más indecible.
Es el momento del paso hacia el encuentro con el absoluto, es derramar lágrimas de amor por estar tan pero tan cerca de gozar indescriptiblemente de aquello que tanto desea el corazón humano.

Porque todo pasa. Es cierto. Todo envejece........ las ciudades, los líderes, las casas, los autos, las plantas, los objetos....el
mismo ser humano. Todo es caduco. Todo pasa. Todo es apariencia. Todo excepto Dios. Sólo el Absoluto permanece,
esperando, cada día, a muchos de sus hijos que se unirán a él para toda la eternidad.

Recuerdo que en aquella oportunidad, cuando leí todo esto me había emocionado. Esa noche, cuando caminaba, sólo podía llorar.....

Después de un tiempo, una mañana de invierno, como la de hoy, mi esposa me dijo que ya nada la unía a mí; qué me quería pero que se había cansado de soportar tantos maltratos. Me dijo que se iba.
Y me quedé solo......
Y ya no encontré a nadie que me ame.....
Antes bebía quién sabe por qué motivos. Ahora soy alcohólico y mendigo por una gran dolor en el corazón. No. No soy feliz.....

Y calló.....
Inclinó la cabeza sobre sus rodillas y cuando la volvió a levantar comprendí que lloraba.
Yo me enternecí. El relato me había conmovido. Le acaricié el cabello y luego le apreté fuerte el brazo, como queriendo transmitirle una carga mágica de fortaleza.

Con el brazo secó sus lágrimas, endureció el rostro y me dijo que no me compadeciera, que mi situación no era mejor que la suya. Y siguió llorando.

Yo me incorporé, lo miré una vez más, y reanudé mi marcha.
Al cabo de unos metros sentí su voz. Me detuve, me di vuelta y me dijo: Gracias.
Yo pensé un momento y después le pregunté por qué.
Por haber conseguido –me dijo- el milagro de que vuelva yo a llorar.
Me sonreí y seguí caminando.


CAPITULO III

Sólo la ausencia del amor es capaz de derrumbar a las personas. Es lo que había dicho el mendigo cuando quiso explicarme la raíz de su infelicidad.
Realmente -pensé para mis adentros- el dolor enseña.

No se qué conciencia tendría el mendigo al decir algo así, pero me pareció acertadísimo, porque, al meditarlo, comprendí que en el fondo, si uno lo piensa bien, la palabra felicidad no hace sino expresar la experiencia personal del amor.
En ese sentido, decir que uno es feliz es expresar que uno ama y se siente amado.

Por eso -pensé- la ausencia de la experiencia del amor, seguramente que es la tragedia máxima para cualquier ser humano. Y no es raro, justamente por esto, que alguien -por ejemplo- elija el suicidio si se descubre huérfano en relación al amor.

Recordé la sentencia de alguien que había dicho que El amor es mucho más que un pretexto para una canción romántica o una película tierna; es la expresión religiosa del mismo hecho de vivir, y me imaginé entonces al amor como el motor que hace latir el corazón del espíritu humano. Me dije que es lo único capaz de ponernos en movimiento y marcar un rumbo cierto a nuestra marcha por este mundo.

El mendigo tiene razón, pensé nuevamente mientras decidía agilizar mi marcha.

De pronto un sacudón violento me retrotrajo a la realidad: un joven, más o menos de 25 años, acababa de atropellarme. Se disculpó de inmediato y subió corriendo las escalinatas de la Iglesia.
Miré la antigua construcción y al muchacho que se perdía en las penumbras del templo.
Cuando ya desapareció de mi vista decidí seguirlo. Y entonces transité también yo por aquella escalinata antigua.

Entré y contemplé por unos momentos la arquitectura interior. Realmente era muy bella. Me sedujo, y fue inevitable asociarla con lo sagrado.
Todo allí hablaba de algo que no se podía percibir con los ojos pero que, sin embargo, hacía sentir su presencia.

Bajé los ojos y contemplé a la gente que rezaba.
Bien adelante, en la parte de pasillo que corresponde a los primeros bancos, pude distinguir al joven que me había atropellado. Me llamo la atención la posición que había adoptado: estaba en medio del pasillo, postrado, y cada tanto golpeaba su cabeza con el mármol del piso. La escena me recordó la descripción de Kafka en su Conversación con el que reza.

Me senté en el último banco, me quedé un rato y recé también yo.
Al cabo de un tiempo, el joven se levantó y emprendió su regreso. Caminaba lentamente y al pasar cerca mío pude ver sus lágrimas.

¿Qué pasará dentro suyo? –pensé-.
Movido por un impulso -y sin pensar- me incorporé rápidamente y salí corriendo de la Iglesia. Lo alcancé en la escalinata. Lo tomé del hombro y le pregunté qué le sucedía.

Me miró y –con el gesto – era como si me dijera ¡Qué le importa!....y siguió caminando.

Tardé unos segundo en reaccionar. Comprendí que me había entrometido en algo que no era de mi incumbencia. De todos modos, volví a correr para alcanzarlo y lo tomé nuevamente del hombro.

Especulando, le dije: Di más bien que no tengo el derecho de saberlo. De todos modos sí me importa.
Se detuvo bruscamente y casi me gritó al decirme ¡Por favor!..... ¡Déjeme en paz!
Resignado acepté: ¡Está bien! ¡Está bien!....... Digamos que sólo tengo curiosidad.

Me miro un momento, fijamente, y luego inclinó la cabeza hacia abajo.
Yo no sabía que hacer.....pero comprendí que lloraba nuevamente.
Me conmovió. Le hablé....lo invite a caminar..... y accedió. Después de unos metros le dije: Vamos a tomar un café (a sabiendas de que ya era el segundo en un tiempo muy breve)..... y volvió a aceptar......

Cuando ya estábamos en el bar y después de un silencio prolongado me dijo: Hay días, como el de hoy, en que me hundo en la desesperación. Entonces voy a la Iglesia y hago.... bueno... Ud. ya lo vio. ....

Le pregunté si ahora, más tranquilo, le gustaría compartir lo que le pasaba.
Terminé de preguntárselo y caí en la cuenta de que era insólito lo que estaba haciendo. Me estaba entrometiendo en la vida de un desconocido.
Sin embargo, el asintió. Revolvió el café y comenzó a hablar.

Me gradué hace 5 meses. Soy abogado.
Siempre tuve mucha ilusión con mi carrera. Ahora veo que el título no cambia nada. Me familia está igual,..... no consigo trabajo....no me siento bien.....

A veces recuerdo los últimos meses del secundario. Nos decían tantas cosas.... nos regalaban tantos ideales.....¡Qué decepcionado estoy de todo eso.....!
Estuve a punto de compadecerme pero, como si fuéramos amigos de toda la vida, reaccioné en sentido inverso. Pará....pará...¿ Que esperabas? -le dije- ¿Acaso creías que el título lo iba a cambiar todo...? ¿Pensás –acaso- que basta que uno imagine soluciones para que las cosas funcionen.....?

Después intenté serenarme. No lo había llevado a aquel bar para reprenderlo sino para aliviarlo. Sabía que quería escucharlo, pero no sabía como preguntar.
Entré a mover las manos como un desesperado, intentando hablar con ellas, pero sólo obtuve, como respuesta, una mirada perdida.
Decidí quedarme en silencio, y esperar que él tome la iniciativa. Al cabo de un rato, efectivamente, reanudó su relato.

Me explicó que últimamente estaba algo sensible, que cualquier contratiempo lo afectaba grandemente, y que todo ahora le parecía negro, aunque concedía que, en la realidad, el panorama no era, seguramente, tan sombrío como él lo percibía.

Me dijo también que, aunque no lo veía con claridad, tenía una sospecha de lo que estaba aconteciendo en él. Y pensaba que se trataba de algo así como de un gran despojo: se estaba comenzando a quedar sin muchos de sus sueños de adolescente y experimentaba cierta resistencia en aceptar -y más aún, en ilusionarse- con las propuestas de la realidad.

De pronto -continuó- comencé a descubrir mi soledad. Tal vez siempre estuvo, pero tan sólo hace un tiempo la vi .
No es que me guste el bullicio; al contrario, aprecio el silencio y la intimidad, pero esto es diferente. Me siento solo porque -en cierta forma- veo ahora que todo depende de mi.

Cuando salí del secundario sabía que tenía un objetivo por delante. Sabía que la facultad me esperaba, como antes me había esperado el colegio al terminar el primario.
Aprendí cómo se debían hacer la cosas y las reglas que se debían seguir. Sentía la presencia de mis padres y el aliento de mis amigos. Mi cabeza rebozaba de ideales y me sentía con fuerzas para todo.

Hoy eso cambió.
Conservo algunos amigos y siento cercanos a mis padres.
Pero ahora.... ahora no sé lo que me espera. El colegio y la facultad ya pasaron; varios de mis años también. Miro hacia adelante y me pregunto ¿Y ahora qué?¿Qué es lo que en verdad deseo? ¿Qué camino debo tomar? ¿Qué reglas debo observar? ¿Quién acompañará mi marcha?
¿Ve Ud.?. Son unas cuantas preguntas y no encuentro respuestas y, para peor, sé que nadie las encontrará por mí.
Siempre creí que el estudio universitario era -en cierta forma- lo máximo en el plano del saber. Hoy comprendo que no: hay otra sabiduría, una sabiduría mejor. La sabiduría de la vida. Y yo, respecto de esto, me parece que estoy en el jardín de infantes.

Supongo que todo esto está relacionado con eso que se llama madurez, adultez, experiencia..... Diría, más precisamente, experiencia de vida.
No me interesa hacer una apología del concepto de experiencia. Es más, en mi parecer, el estado actual del mundo ha desmitificado esta idea.
Siempre me dijeron que debía escuchar a la gente de experiencia. Más de una vez me sentí ridículo cuando alguien me chantó la experiencia que tenía en tal o cual aspecto.
En estas ocasiones, al reflexionar, pensé que la cosa no es tan así.
De hecho, es gente de experiencia la que maneja los grandes hilos de la humanidad, y lo resultados dejan mucho que desear. La experiencia, como tal, no es garantía de nada; no es sinónimo de sabiduría.

Sin embargo, creo hoy que hay situaciones en las que la experiencia es fundamental. Por ejemplo, en lo que se refiere al paso del mundo ideal que uno se construye desde la niñez, al mundo real que descubre en la madurez de la vida, y que -curiosamente- conserva una cuota de ilusión, de ideal, pues también el ideal es parte de la realidad.

Y yo, creo, estoy en vías de dar éste paso.
Sólo que es doloroso, porque uno se ve despojado de muchas cosas en las cuales antes creía. Y, a veces, el dolor es tan grande que uno hace papelones como el que yo hice hoy en la iglesia.
Además, como se trata de una experiencia estrictamente personal, uno se siente sólo, y eso, a veces, angustia hasta el extremo.

De todos modos, conservo la esperanza. Voy a seguir intentándolo...
Le agradezco a Ud. el haberme escuchado. Me hizo bien compartirle lo que llevaba dentro.
Me sonreí, estiré el brazo y palmeé su hombro.
Lo contemplé un momento y pensé en el gran parecido que tenía con mi hijo...

Seguimos hablando un rato más, me contó algo respecto de algunos proyectos que tenía y del temor que le embargaba cuando pensaba en realizarlo.

Traté de darle ánimo y le expresé que, cuando quisiera, podía ir a mi casa.
Pagué el café y nos levantamos. El se despidió de mi con un abrazo y se marcho.
Y yo seguí caminando.


CAPITULO IV

Finalmente llegue a casa. Miré el reloj y vi que era poco más de las una de la tarde. Me sonreí. Era increíble. Mi camino de regreso había durado más de cuatro horas, y eso que no había caminado más de treinta cuadras.

Abrí la puerta, encendí la luz, contemplé el living, caminé hacia uno de los sillones, me quité el saco, me senté, aflojé mi corbata, y comencé a recordar.
Recordaba y me sonreía: el amigo que hace tiempo no veía, el mendigo de la botella de alcohol, el joven abogado.....
Es increíble -pensé-. ¡Cuantas cosas coincidentes pueden pasar en una caminata tan corta!.

Sabía que en casa no había nadie.
Mi esposa no llegaría hasta la tarde, después de pasar el día en casa de su madre.
Estaba solo, y comencé a sentir muchas ganas de llorar, pero me contuve.

Me incorporé, me serví una copa, encendí un cigarrillo y busque en el bolsillo interno del saco, hasta que encontré la carta.

Contemplé el papel doblado y experimenté una mezcla de impotencia, bronca y consuelo.
Por un momento tuve el deseo de romperlo en mil pedazos pero.... lo mire una vez más y, con cierta ingenuidad, .... lo puse sobre mi pecho y lo acaricié.....
Después volví al sillón, desplegué el papel y volví a leer aquella carta: la más terrible de toda mi vida y, a la vez, la que más consuelo me regaló:

“Querido viejo:
Imagino cuanto deben estar sufriendo vos y mamá en estos momentos. Esta carta probablemente sea contraproducente, porque aunque decidí escribirla para consolarlos, posiblemente sólo sirva para aumentar el dolor de ustedes, porque supongo que no ha de ser nada grato leer la última carta del hijo que acaba de morir.

De todos modos, necesitaba hacerlo. Tal vez sea cruel, pero quería que tengan una palabra mía cuando yo ya no estuviera. Por eso decidí poner como condición para entregártela la promesa tuya de que no la abrirías hasta después del funeral.

Y lo que quería decirles -a vos y a mamá- tiene que ver, básicamente, con dos cosas.

En primer lugar quería decirles que aunque jamás pensé que moriría tan joven -y menos por causa de mi corazón- la inminencia de mi muerte me ha ayudado a revalorizar todo lo que ustedes me brindaron. Y eso es mucho. Con orgullo puedo decir que tuve una familia excelente.
Tu rostro y el de mamá fueron como un sacramento a través del cual yo percibí el rostro de Dios.

Por otra parte, quería compartirles la felicidad que siento en estos últimos momentos. Se que casi no hay ninguna posibilidad de transplante y el tiempo corre aprisa.
No me queda mucho. Estoy a punto de pasar por la experiencia de la muerte, el gran momento de la existencia de cualquier ser humano.

¿Te acordás que sobre esto escribí en mi libro, hace tres años (libro, dicho sea de paso, que no sé por obra de quien llegó a la editorial y se publicó)?

En estos días recordé algunos párrafos que había escrito allí. Recordé, por ejemplo, que, en cierta forma, la muerte es la clave de lectura de todo cuanto existe en este mundo. Es la gran novedad. La experiencia única. Y en el horizonte de la fe, la muerte es el momento más deslumbrante, más maravilloso, más indecible. Es el momento del encuentro con el Absoluto del amor.
Sí. Siempre me sentí amado. Siempre intenté amar, en especial a aquellos cuyas vidas eran una tragedia por la ausencia del amor.
Ése es hoy mi consuelo. Esa fue siempre mi felicidad.
Papá, mamá: los quiero mucho. Hasta el reencuentro.

Doblé la carta -cuya primera lectura, con mi esposa, después del funeral, nos había tocado hasta la médula-, y ya no pude más. Cerré los ojos y por fin pude estallar en llanto.


CUENTO TRES: ALGO DE DIOS PARA UN MAGNATE


CAPITULO I

Recién acababa de llegar. La frescura de la habitación, el confort del sillón y el vaso de agua que me habían ofrecido, fueron para mi un alivio magistral. La subida de la colina, caminando bajo el rayo del sol, me sofocó.

Aunque mi bolso era pequeño, sin embargo hizo sentir su peso en esas tres horas que me llevó llegar hasta la cima, donde estaba tan imponente construcción, dentro de la cual yo me hallaba ahora, en un ambiente parecido a una sala de espera.

Tengo un modesto conocimiento del arte y enseguida pude especular sobre el valor de aquellos cuadros que colgaban de las paredes. No lo podría jurar, pero entendí que valían una fortuna.

Me entretuve mirando los cuadros, las cortinas, algunos adornos. De pronto una mujer, (la misma que me había dado el vaso de agua), se acercó y me dijo: Ya puede pasar. El lo recibirá ahora.

Me paré. La mujer me indicó la dirección extendiendo su brazo. Yo me puse en movimiento hasta llegar a la puerta. Golpeé con mis nudillos la antigua puerta y al cabo de unos segundos apenas pude oír un Adelante....entre por favor....

Y entré. La habitación era completamente blanca. No había cuadros ni cortinas. Solo libros. Una cantidad increíble.
Algunos de ellos –muy pocos- en un pequeño estante. Otros –la mayoría- simplemente apilados en el piso, formando columnas desiguales.
Había también dos sillones, una alfombra, una imagen religiosa y una vela encendida, como también estaba encendida una vistosa lámpara que yacía en un pequeño escritorio.

Miré a aquel hombre, al mismo tiempo que el me observaba. Pude notar la profundidad de su mirada y algo que parecía ser una sonrisa.

Era delgado y más bien alto. Casi hasta elegante. Sin embargo, el paso del tiempo no fue en vano. Estaba levemente encorvado. Su mano derecha empuñaba un bastón.

¡Siéntese! – me dijo.

Yo fui hasta uno de los sillones y me senté. El anciano, por su parte, hizo lo mismo, aunque lentamente y con dificultades.

Nuevamente lo quedé mirando, hasta que él me dijo:
Recuerde que no es habitual que yo reciba a un extraño.... y recuerde también que no vamos a hablar nada sobre mi vida personal....

Por supuesto –dije- Así lo pactamos. Y aflojé mi cuerpo como quien acaba de superar un susto.

Entiendo que ha leído Ud. el escrito que le envié – le dije
Sí... y muy atentamente.....-me respondió al mismo tiempo que hacía un gesto con su mano-.

En efecto, y para sorpresa mía, tapó con la mano su boca, como intentando disimular una sonrisa, la cual, en ese momento, me pareció verla plenamente. Por un momento me puse molesto, pero pensé para mis adentros que –seguramente- fue sólo una impresión mía.

¿Y...?¿ Qué piensa...? –pregunté, tratando de parecer indiferente.

Pues verá ... –me dijo-.... ha planteado Ud. muchos temas..... tal vez tengamos que charlarlos uno a uno, en forma individual.... Y
tal vez sólo al final podamos hacer una especie de síntesis.... si Dios nos ayuda.....
Y volvió a repetir el gesto. ¡Otra vez la mano tapando la boca para disimular la risa...!

Esta vez ya no aguanté y le pregunté abiertamente: Perdón.... se está Ud. riendo de mi...? ¿Hay algo que le cause gracia....?

El hombre recompuso su postura y, muy “seriamente”, me dijo: ¿Yo...? No de ninguna manera.....

Fue casi desquiciante ver que, a continuación, repitió el mismo gesto.

Espere un poco –le dije bastante ofuscado-.
Ud. se está riendo de mi... Ud. me está tomando el pelo....

De ninguna manera –me respondió-, para luego agregar: Mire.... le voy a ser sincero.... sus preguntas son legítimas... pero de algún modo siento que me está pidiendo Ud. que le de una especie de “catequesis” y eso.... bueno.... eso me resulta un tanto “simpático”.....Sepa disculparme....le aseguro que voy a hacer mi mejor esfuerzo para ayudarlo a resolver sus dudas...

Lo quedé mirando unos segundos y luego expresé: Me parece estupendo –dije- pero... tendrá Ud. el tiempo suficiente....?
- Tiempo creo que sí.... aunque tal vez me canse un poco....pero no se preocupe.... En todo caso descansaré un rato y luego continuamos.....¿Le parece?
- Si –le dije- y se lo agradezco..... pero.... ¿por dónde empezamos?

-Bueno.... –respondió el anciano- de hecho –mi amigo- todas las preguntas que me envió con anticipación versan sobre la cuestión de Dios...o –para ser más exacto- sobre Ud. mismo, en cuanto que desde el principio de su carta y antes de explicitar pregunta alguna, se declara ateo, subrayando Ud. mismo que tal condición obedece no a cuestiones accidentales sino a sus más profundas convicciones...

Por esto, le propongo tomar la primera de sus preguntas, de manera que podamos charlar sobre ella.
Me dijo esto y volvió a sonreír. Yo no aguanté más y le dije: Pero....¿Qué le pasa...? ¿Tengo un circo en la cara....? ¿Podría dejar ya de reírse y tomarme en serio....?¿No comprende que fue un gran sacrificio para mí llegar a este lugar....? ¿No entiende que realmente busco algunas respuestas....?

Discúlpeme nuevamente.... por favor –me dijo–.
Le aseguro que entiendo sus inquietudes pero....¡Hombre....! Trate también de entenderme a mí.....

Soy sólo un viejo al que –de pronto- le piden que trate de charlar o explicar cuestiones tan “pasadas de moda” que uno.... bueno..... a veces no puede evitar sonreír.....
Pero tenga la seguridad que lo tomo muy en serio.... sólo que –como ya le dije- me resulta simpático que un hombre como Ud. esté interesado en estas cuestiones.....¿O ya se olvidó de la primera pregunta que puso en su carta....?

Desde luego que no –respondí-.
Al contrario.... la tengo muy presente: ¿Dios existe sólo en la mente del creyente...?.

¿Ve lo que le digo....? –me dijo- ¿Se da cuenta de la amplitud del tema....?
Créame –continuó- que no es para nada frecuente que alguien –hoy por hoy- se haga semejante planteo.....

Hasta me siento un poco incómodo –subrayó– .

En cierta forma siento que tengo que explicar a un adulto cosas que –en mi vida personal y en la de muchos otros- constituyen algo así como el “a,b,c” de la cuestión religiosa...

¿Tan ignorante cree que soy....? –repliqué-.

No –me respondió- En absoluto....sólo que sus preguntas generan la sensación de estar caminando a “contrapelo” de los demás...

Cuando todo el mundo está pensando en la cuestión de la globalización, la economía, la política, etc..... que de pronto aparezca alguien con éste tipo de preguntas tan
“descolgadas”.....”abstractas”..... bueno.... uno por lo menos “se asombra”, y aún cuando le resulte risueño.... no por eso deja de tomarlo en serio...

Está... –dije como asintiendo-.
Lo entiendo..... Pero le pregunto:¿ha reflexionado sobre los temas que le he referido en mi carta....? ¿Ha pensado, por ejemplo, en la primera y “graciosa” pregunta que le hice....?


CAPITULO II

En efecto –contestó el hombre- y créame que he pensado mucho en esto.
Sí, de hecho, es innegable que Dios existe en la psicología del creyente. Y no esta mal decir esto.

El problema no está en lo que se dice sino en “lo que se deja de decir”. Y aquí, junto a afirmar que Dios existe en la psicología del creyente, se debe decir también que así mismo existe fuera del él.

Pero –confronté-...lo que acaba de expresar.... ¿no corresponde ya acaso a un postulado de fe...en el sentido de que sólo una persona que ya “cree” puede afirmar semejante cosa...pero que no puede demostrarlo...?

Volvió a sonreír pero lo disimuló enseguida.

Después agregó: Parcialmente tiene Ud. razón... el creyente no puede demostrarle que Dios es algo más que una fantasía o cualquier otro fenómeno psicológico....
Pero Ud. –por otra parte y espero que lo reconozca- no puede demostrar que sólo existe en el hombre de fe......

Pensé un momento y luego le pregunté: Pero.... dígame...esto no nos lleva a poner sobre el tapete mi segunda pregunta, en el sentido de preguntarnos si es demostrable la existencia de Dios....?.

Efectivamente –me dijo–. Y en tal sentido.... le digo que la respuesta es ambigua y hasta contradictoria: Si.....y....No.

Sí.... desde cierta perspectiva y en determinado contexto....
No... desde lo que es “demostrable” en el sentido convencional, por cierto.....
Y esto es así aunque haya habido en el pasado grandes eminencias de la ciencia que -llegados a los umbrales de la misma y no pudiendo avanzar mucho más-, reconocieron que sólo la existencia de un Ser Supremo podría dar la explicación última, aquella explicación que la ciencia necesita para reconocer sus límites y trascenderse a sí misma....

En fin.... de todas maneras... –mi estimado- a Ud., por fundar su manera de ver (tal como me ha dejado entrever en su escrito) sólo en lo que es “demostrable científicamente...” ... a Ud... no se lo podría demostrar....me parece.... Y volvió a disimular una sonrisa.

Quedé pensando unos instantes y luego (en medio de una mezcla de incertidumbre y bronca) expresé:

Pero entonces....pareciera que sólo “unos pocos” son parte del “espectacular” grupo de “privilegiados” que pueden “saber” de la existencia de Dios sin ninguna duda...

Me miró, sonrió y luego dijo:
No sea sarcástico....bien sabe que no se trata de eso....
La cuestión es otra. Le pongo un ejemplo:

Así como un análisis de sangre se hace dentro del estricto marco de los métodos hematológicos, así también toda la cuestión de Dios, desde el punto de vista de la razón, implica necesariamente un contexto y un método, donde no se intente realizar un análisis de sangre desde la Biblia ni leer la Biblia desde la ciencia hematológica....
La verdad es que me volví a enojar un poco. Esa odiosa sonrisa cada vez me exasperaba más. Y, tal vez, a raíz del enojo, le dije:

Pero eso lo dice Ud.... es “su” punto de vista....
Efectivamente –me contestó-..... pero sucede que es a mí a quién Ud. ha preguntado estas cosas.... y por lo tanto le contesto desde lo que creo y desde lo que pienso....
Eso ya fue el colmo. Tenía razón pero eso no evitaba mi creciente enojo. De todos modos, por una cuestión de cortesía,
dije un tanto resignado: Está bien....está bien... Pero en mi interior fue como decirle: Si lo hace feliz.... siga divirtiéndose conmigo...

Luego ambos “convinimos” en hacer un recreo.....lo cual es una forma de decir que la cosa, en ese momento, ya no daba para más.

Por esto, yo me levanté de la silla y me dispuse a salir de aquel cuarto. El anciano intentó hacer lo mismo, pero no pudo.

En efecto, al intentar ponerse de pie, tal pareciera que perdió momentáneamente el equilibrio y casi se desploma.
Yo me acerqué y le pregunté si se sentía bien o si en algo lo podía ayudar, a lo cual respondió:

A mi edad, “sentirse bien” muchas veces constituye un milagro..... pero claro.... no puedo pretender que Ud. entienda eso..... y volvió a sonreír....
Y me volví a embroncar.


CAPITULO IlI

Caminé un poco por una especie de galería. La vista del paisaje desde allí realmente fascinaba.

Fue inevitable disfrutar de aquella geografía al mismo tiempo que pensar en la charla sostenida anteriormente.

En cierto sentido estaba confundido.

Me comenzaba a preguntar si no había sido un error acudir a aquel hombre.
Pensé, por ejemplo, que tal vez quise sacarme algunas dudas esperando que el anciano coincidiera conmigo, y que al obtener una respuesta tan distinta de su parte, me comenzaba a sentir un tanto decepcionado. ....

En fin.... se me hacía difícil pensar...

De todos modos sabía que debía serenarme y –hasta donde me fuera posible- poner en orden mis ideas...

De pronto escuché una campanilla... De inmediato comprendí que era el aviso para acercarme al comedor para almorzar.... y así lo hice....

Mientras comía me percaté de lo mucho que había estado esperando hacerlo. Realmente tenía hambre, y almorcé a un ritmo bastante acelerado.

Después, cuando ya era el tiempo de la sobremesa, sentí la necesidad del descanso, y me preparé para una pequeña siesta....

****

Sobre media tarde entré nuevamente a la habitación del anciano. Este ya estaba sentado y, aparentemente, de muy buen humor.
Tenía decidido preguntarle algunas cosas.... y comencé..... y le dije....

Cuando Ud. dice que es difícil explicarme la cuestión de Dios a causa de la “forma” que tengo de ver las cosas.... exactamente ¿a qué se refiere...?

Pues verá –me dijo– explicar ciertas cosas, a veces es un tanto difícil....

En este caso, por ejemplo, hay muchos factores que intervienen... como el “peso” de la historia de las religiones.... la “variedad” de las corrientes de pensamiento actuales –muchas veces contradictorias entre sí- ...y especialmente... su propia decisión interior...
¿Mi propia decisión interior...? –pregunté casi asombrado-.

Sí –me respondió, para luego agregar- De hecho Ud. tiene ya una posición tomada... De hecho, por un montón de circunstancias, Ud. parte de una postura básica: Ud. no cree en Dios o en algo “Absoluto”..... piensa que tal “ser” existe “sólo” en la cabeza de la persona que dice tener fe...
¿Dígame....? –prosiguió- ¿Cómo contestar a su pregunta en este contexto...?

Pensé un momento y luego repliqué: Pues no lo sé.... dígamelo Ud..... para eso he venido....

No –me respondió-.
Tal pareciera que Ud. no ha venido aquí para obtener una explicación o sacarse alguna duda.
Más bien da la impresión que sólo quiere imponer su propia idea, utilizando una especie de “método” de confrontación para lograrlo....

Realmente me molestó lo que dijo. Y no hice esperar mi respuesta:

Vaya...vaya...-repliqué- parece que ha puesto en marcha la maquinaria de los prejuicios.... En verdad, le digo, ¿Qué le hace pensar que quiero imponer mis ideas...?¿No se le ocurrió pensar
que la única forma de exponerle mis dudas o confusiones es presentándole primero lo que en verdad pienso....?

El anciano miró sin ver..... y luego expresó:
Puede ser... puede ser... pero la sensación es otra....

En fin.... de todos modos me parece más conveniente proseguir en lo que estábamos.... Y en ese sentido, le reitero: ¿Cómo contestarle teniendo en cuenta la postura que ya tiene asumida....?

Yo sentía que todo cada vez iba peor. Por eso, en un intento de equilibrar las cosas y tras aflojarme un poco le expresé:

A ver... a ver.... está bien.... hagamos de cuenta que no tengo ninguna postura tomada... que no creo ni dejo de creer en algo absoluto......

Hagamos de cuenta que sólo quiero escucharlo en lo relativo a estas cuestiones y que... eventualmente... preguntaré si no entiendo la explicación.

Dudo que pueda hacer eso –me replicó con cierta picardía- pero de todas maneras, no tengo problema en seguirle el juego...

Eso ya me molestó nuevamente, pero me contuve y quedé a la espera de que continuara.

Efectivamente, luego prosiguió, aparentemente un tanto pensativo:

La lógica de cualquier forma de creencia, de religión –si quiere llamarlo así- tiene un punto de partida. Y en rigor de verdad, el hecho mismo de “creer” es, en primer lugar, “respuesta” y no “pregunta”.....

Me pareció casi desquiciado lo que estaba escuchando.... pero me mantuve en silencio....
Trato de decirle –continuó- que el “conocimiento” y la “experiencia” de Dios son posibles gracias a que –previamente- a todo ser humano le fue dada la capacidad de alcanzar una
forma de percepción, una forma de conocimiento, que –aunque supone la razón- sin embargo la trasciende y va más allá de ella misma.....

¿A ver... a ver....?¿Cómo es eso...?-pregunté-.

Claro... –me dijo–.
Se le da “algo”.... una especie de “capacidad” que lo faculta para entender y ponderar cuestiones o situaciones que de ordinario no lo podría hacer por la sola luz de la razón...

Los cristianos, por ejemplo, llaman y entienden a esta “capacidad” otorgada como un “don” de lo alto.....

Y, precisamente, es en virtud de esta “capacidad” que el hombre “puede” (si elige hacerlo) llegar al conocimiento y la experiencia de Dios.... Puede –en definitiva- concretizar el acto de fe.....

¿Si elige hacerlo...? –volví a preguntar-.

Sí.... –me respondió- si “elige hacerlo”...

Y por esto –precisamente-, “el acto de fe” es una respuesta “libre” que cualquier ser humano puede dar desde esa “capacidad” que ha recibido....

Y le digo más: recién entonces, cuando libremente ya “respondió”, entiende la razonabilidad de muchas cosas...... del “creer...” –por ejemplo-, del “amar....” e incluso del mismo hecho de “trascender” a la propia lógica, sin que nada de esto –paradójicamente- implique volverse irracional o fanático....

Yo, en realidad, me parece que me quedé un tanto pasmado....Había escuchado todo con suma atención y aquellas palabras evidentemente que hicieron impacto en mí. Quedé como paralizado, sin saber que hacer o decir.

De todos modos me obligué a recomponerme y con cierto sarcasmo pregunté:
A ver si entiendo.....
¿Es como aquello de “pague primero y reclame después....”?
No –me dijo-.
En todo caso –y salvando las distancias-, sería como aquello de “arriesgue primero y gane después....”

Me quedé nuevamente pensando.
Luego comenté: La verdad que todo esto que me ha dicho es en cierta forma “razonable”.... sin embargo no deja de ser –al mismo tiempo- bastante complicado y hasta confuso.....

Por supuesto –replicó-.
¿Y qué creía....? ¿Qué para explicar todo este embrollo se necesita sólo sumar dos más dos...?

Bueno... no...-dije- pero pensé que sería un poco más simple...

Tiene razón –contestó-.
Eso es lo que Ud. pensó.... pero ya ve que la cosa es bastante distinta y tiene poco de simple....

De alguna manera me pareció que otra vez se estaba burlando.... pero nuevamente me llamé al silencio, dando por terminada –de algún modo- aquella segunda charla.

****

Ya comenzaba a oscurecer y también a refrescar. Sentí la necesidad de estirar las piernas y así lo hice. Necesitaba –por decirlo así- “despabilarme”....relajarme.... No se.....


CAPITULO IV

No fumo mucho. Apenas un cigarrillo después de cada comida.
Pero esa primera noche, después de tantas cosas escuchadas, tantas cosas chocantes para mí, decidí encender uno, mientras comenzaba a caminar nuevamente por aquellas extensas galerías.

Noté que mi ánimo estaba cambiando. No sé si sería por el desgaste natural del día o por la intensidad con que había “absorbido” las palabras del anciano. Lo cierto es que me estaba comenzando a sentir extremadamente cansado y hasta débil.

Consulté el reloj y vi que faltaba poco más de media hora para la cena.
Esta vez –a diferencia del mediodía- no tenía la mínima gana de probar bocado alguno.

En realidad no sabía si iba a cenar o no... sólo sentía el deseo de aflojarme un poco.... y tal vez.... hasta de acostarme aunque sea unos momentos.

Pero de todas maneras quise seguir caminando.
Quise distraerme, mirando (ahora desde la oscuridad) el paisaje que me rodeaba. Quise disfrutar de los”ruidos” silvestres de la noche..... cosa a lo cual no estoy acostumbrado....
Quise entretenerme mirando los dibujos que hacen las estrellas....

Pero todo resultaba en vano.
Las ideas me daban vuelta en la cabeza.... no me podía desconectar del diálogo sostenido durante la tarde, y cuanto más me empecinaba en hacerlo tanto más parecía que volvía a revivirlo todo....

De pronto algo llamó mi atención: una mujer –vestida al estilo de una enfermera- apareció presurosa en la galería en la que yo estaba, aunque caminando en sentido inverso.
Cuando llegó junto a mí pregunte:

¿Pasa algo....?

Apenas me miró y apenas me contestó, sin detener su marcha.
Sólo me dio a entender que el anciano se había “descompensado un poco” aunque alcanzó a decirme que eso era bastante frecuente en él, que no me preocupara.

Yo la quedé mirando –como inmovilizado- hasta que dobló hacia el pasillo central que nacía en la galería.....

Luego volví a poner mis ojos en el paisaje, pero esta vez como con la mirada perdida... miraba pero en el fondo nada veía.... sólo rememoré la débil figura de aquel hombre anciano y frágil y –no sé como- de pronto me sentí un poco culpable.

Pensé, por ejemplo, si no fui yo el detonante de lo que ahora él estaba viviendo....
Supuse que, tal vez, también a él le afectó la intensidad de las charlas que habíamos tenido.

Y considerar estas cosas me inquietó y hasta me asustó. Comprendí que se me estaba pasando por alto el esfuerzo enorme que durante las charlas había hecho aquel hombre con tal de ayudarme con mis cuestiones.

Y sentí algo así como una especie de compasión y gratitud.....

Definitivamente decidí no cenar.
Caminaría un poco más y después, si se diera la oportunidad, trataría de interiorizarme acerca de la salud del anciano.

****

A la mañana siguiente, cuando me desperté, de lo primero que me di cuenta era que el clima había cambiado abruptamente: estaba lloviznando y la temperatura había bajado.
Fui para desayunar y -para mi sorpresa- sólo había cuatro personas. Los saludé haciendo gestos con la mirada y con la cabeza.
Desayuné, miré mi reloj, y me dispuse a ir (no se si a charlar) pero al menos a saludar al anciano.

****
Llegué a la puerta, golpeé y finalmente entré.

Para mi sorpresa, el anciano estaba de pié, apoyándose en su bastón, sonriente.

Entre, entre –me dijo-.

Así lo hice y no pude dejar de hacerle notar que yo suponía que estaba enfermo.

La verdad que se lo ve bastante bien –le expresé-. Con lo que le paso anoche dudé incluso si íbamos a poder hablar hoy....

No se preocupe –me contestó-. Eso fue sólo un achaque de viejo. Cada tanto me pasa pero bueno.... como le dije... ya tengo unos cuantos años...
Luego agregó: Pero siéntese, hombre...

Yo me senté y lo quedé mirando, un tanto pensativo.

Se ve que lo que mi cara transmitía no se le pasó por alto a aquel hombre, porque de inmediato me dijo: A ver... a ver....¿Qué es lo que está pensando? ¿Qué nuevo lío tiene en la cabeza?

Esta vez el que se sonrió fui yo, aunque tristemente, por cierto.
Guardé silencio unos instantes y luego contesté:

Sabe...he estado pensando....
Y quiero confesarle algo: no sé si tengo ganas de seguir con el cuestionario que le envié al principio.
Me he estado preguntando algunas cosas, como por ejemplo...¿Qué me esta pasando...? ¿Por qué estoy hablando de
todas estas cuestiones con Ud....? ¿Qué esta sucediendo en mí...?.

Yo no era así.... bien sabe Ud. que soy un hombre de negocios.... nunca se me dio por estas cosas....
Siempre viví para resolver problemas, para que mis finanzas anduvieran bien.
Siempre tuve todo el entusiasmo puesto en mis actividades y ahora...cuando estoy arriba de los cincuenta.... ahora no sé por qué me planteo todo esto....
¿Me entiende Ud....?

¡Por supuesto que sí..! me contestó, al mismo tiempo que estalló en una gran carcajada.

Yo no lo podía creer. Durante todas las charlas me habían molestado hasta las sonrisas un tanto sarcásticas aunque disimuladas.
Pero ahora, yo acababa –en cierta manera- de sincerarme y este viejo se estaba riendo delante de mis narices sin ningún tipo de problemas.

¡Pare ya, por favor...! –le dije-.
¡Deje ya de reírse...!
¿No se da cuenta que con esto no me está ayudando....?

¿Qué no lo estoy ayudando...?-me contestó-.
Por supuesto que sí....aunque Ud. no lo crea..... por supuesto que sí...
Y volvió a estallar en otra carcajada.

Esta vez quedé totalmente descolocado y....resignado ya, dejé que terminara de reírse....

Cuando finalmente lo hizo, entre atoramientos y pequeños golpes en el pecho que se daba a sí mismo, fue recobrando la postura y, una vez ya calmado, me expresó:

Hombre....¡por fin! –me dijo-.
¡Ya era hora....!

Y prosiguió: Ahora, que parece que ya a comenzado a recapacitar en serio, le puedo decir algunas cosas....

Por ejemplo, le puedo decir que ese montón de preguntas que formuló en su carta dibujaron, al menos para mí, la imagen de un
niño pequeño tratando de explicarse cosas que en el fondo ya las sabía....
Por eso muchas veces no pude contener la risa....

No es que sus preguntas, en si mismas, fueran tontas o inadecuadas, sino que desde el principio comprendí que Ud. vino acá a buscar respuestas, pero no respuestas a esas preguntas....

Desde el principio comprendí que sus preguntas no fueron más que un pretexto.... Entendí que lo que estaba de fondo era un gran temor de su parte de decir “Sí” a algo que necesitaba resolver y creer...

En síntesis –continuó- Ud. es un hombre práctico, ducho en el mundo de los negocios, que a los cincuenta y tantos, de golpe, le aparecieron un montón de cuestiones, de preguntas.... pero también de certezas... y en vez de aceptarlas tranquilamente y en paz, trató de evadirse, racionalizando todo al punto de formular preguntas legítimas pero que –en su interior- no eran más que una vía de escape para no responderse la gran pregunta de su vida...no sé si la única, pero tal vez una de las mas fuertes...

De inmediato pregunté: ¿Y cuál sería esa pregunta....?
A lo que el anciano, guiñándome un ojo, me dijo:

A ver.... si Ud. no lo descubre, por supuesto que se lo voy a decir....
Pero hagamos un ejercicio....
Suspendamos aquí nuestro diálogo, tómese el tiempo que necesita, y trate de pensar en esto... Trate de ver cuál es la pregunta que ha evitado contestarse....
Hagamos esto.... y nos encontramos de vuelta a la tarde...

Esta bien –dije-.

Y así, bastante perplejo, salí de aquella habitación, como con la mente oscurecida, pero dispuesto a seguir la consigna del anciano....


CAPITULO V

Una vez más caminé un rato, luego almorcé y después suplanté la siesta por un momento tranquilo, sentado en una roca, desde donde se podía apreciar el paisaje.

En mi mente, una y otra vez, daba vueltas la consigna del anciano: ¿Qué pregunta es la que no estoy queriendo responderme...?

Al principio pensé de todo..... Hasta me parece que divagué....
Después de un rato –pareciera- comencé a dar los primeros pasos en la dirección correcta....

Recorrí los grandes momentos de mi vida, desde mi graduación, mi casamiento, la expansión de la empresa, la inesperada muerte de mi único hijo, mi posterior divorcio, mi profunda soledad actual....

Cada tanto me repetía para mis adentros: ¿Qué pregunta es la que no estoy queriendo responderme...?

Seguí pensando...
Siempre me tuve por un hombre firme, sólido, hábil, inteligente....
Pero... ¿Qué me estaba pasando ahora....?
¿A qué le temía...?
¿Qué era aquella pregunta para lo cual me faltaba valor para contestarme....?
Y así seguí un rato más, experimentando una mezcla anímica de exaltación y depresión, de seguridad e incertidumbre, de tristeza y algo parecido a la alegría....

Y así seguí.... hasta que de pronto..... de pronto.... todo se me hizo claro y lo comprendí.... y aunque no lo podía creer.... sabía que sí, que por fin –parecía- lo había entendido....
Y entonces, en una mezcla de emoción, alegría y desconcierto, me levanté rápidamente de aquella roca y casi corriendo fui donde el anciano.....

****

Llegué a la habitación de aquel hombre y esta vez ni siquiera golpeé. Entré directamente y lo encontré sentado en su sillón, con una sonrisa dibujada en la cara.

¡Lo tengo...! –le dije-.
¡Lo tengo...!
Ya lo sé.... Sé a que le he disparado tanto tiempo...

Me interrumpió en seco.
Esta bien... está bien...-me dijo- pero ahora tranquilícese y siéntese....Por favor... siéntese....

Ahí me percaté de lo exaltado que estaba.
Traté entonces de regular mi respiración.... aflojé mis hombros.... y me senté.

Y encima, por supuesto, disimulé. Traté de parecer mucho más sereno -frente al anciano- de lo que en realidad estaba.

El, por su parte, me quedó mirando un momento, con una mirada extraordinaria, penetrante y... hasta un tanto desconfiada....

Luego de unos segundos me dijo: A ver... ¿cómo es esto...? ¿Qué es lo que ha descubierto...?

Pues verá Ud. –le dije- creo que lo tengo.... creo que encontré aquello a lo cual he tratado de evitar todo el tiempo...

¿Y qué sería eso...? –me preguntó con cierto sarcasmo el anciano.

Pues –contesté- creo que la pregunta que nunca quise hacerme es ésta: ¿Qué es lo que me impide –realmente- creer y aceptar a Dios....?
Creo que dentro mío –continué- sabía que la respuesta iba a ser: “Nada”....
Nada me impide creer, sólo –como Ud. lo dijo- mi propia decisión...
Y eso me ha atemorizado por mucho tiempo....hasta me ha paralizado... aunque no se bien por qué....

El anciano siguió mirándome unos segundo más y luego exclamó:
¡Excelente...! Verdaderamente excelente, mi amigo.

Y esta vez ya no percibí ni un atisbo de burla en su rostro, sino más bien una tenue sonrisa, apacible y gozosa....
Luego continuó:

Sepa Ud. que hay un cierto parecido entre la sed, el agua y el anhelo de Dios.
Si la sed existe.... pues el agua tiene que existir.... De otra manera todo sería un absurdo.
La sed no es un invento de la psiquis humana sino la expresión de un reclamo genuino de la persona...

Algo parecido pasa con Dios....
La “sed de Dios” en algún momento de la vida de las personas hace sentir su peso. Y es ahí cuando algunos niegan esta sed por temor a las consecuencias que pudiera traer el hecho de aceptarla.

Y así –continuó serenamente el anciano- si la “sed de Dios” existe, y es experimentada por el hombre, Dios tiene que existir, sino otra vez todo sería un absurdo....

¿Lo entiende....? –me preguntó-.
Sí –respondí-.

Bueno pues –prosiguió- recuerde lo que ya le dije: se trata de arriesgar primero y ganar después.....
Siga mi consejo: acepte de una vez en su vida a su Dios, corra el riesgo, y comprobará después la “razonabilidad” de todo....

Realmente quedé mudo. Y emocionado.
Aquel anciano me acababa de quitar una carga muy pesada.
Por primera vez, en mucho tiempo, comencé a experimentar algo muy parecido a lo que es la libertad interior.

De todos modos todavía tenía algo por preguntarle. Y así lo hice diciéndole:

Ud. se dará cuenta que si acepto todo esto, también debo aceptar lo que normalmente se llama “pecado”.....Dígame: ¿qué hago con eso....?

Con suma tranquilidad el anciano me respondió:
Mi querido amigo: la “conciencia” del pecado, la “conciencia” de las cosas malas que hemos cometido en nuestras vidas, es consecuencia directa de la aceptación de Dios.

Cuando Dios entra en la vida de una persona, “ilumina” –por decirlo así- todas nuestras bajezas, pero eso no constituye una desgracia sino una “gracia”, un don...

La maldad que llevamos adentro se refugia en la oscuridad, nos daña, busca nuestra desgracia, y –como obra desde las sombras- nosotros no nos damos cuenta... y creemos que todo está bien, sin siquiera sospechar que nos estamos destruyendo....

Por el contrario, cuando Dios tiene cabida en el corazón humano, “ilumina”,.... saca a la luz nuestras maldades, no para avergonzarnos sino para que tomemos conciencia de ellas y nos animemos a erradicarlas, hasta donde nos sea posible....

Nuevamente quedé mudo pero gozoso y esperanzado.
Como si fuera en un segundo, sentado delante de aquel anciano, recordé instantáneamente todas las charlas, todas las situaciones vividas y –de algún modo- todo lo comprendí mejor.
Y le expresé:
Sólo tengo una palabra para decirle: Gracias....

Y el anciano me dijo: Y yo tengo sólo una sugerencia para hacerle: ya es hora que se marche.....ya ha respondido su verdadera pregunta....


Epílogo

Tras dejar aquel lugar, estaba nuevamente sentado en mi confortable sillón de la oficina principal de la empresa.

Ciertamente que volví a ocuparme de mis cosas cotidianas y mis negocios.
Pero nada me distraía lo suficiente como para hacerme olvidar la experiencia por la que había pasado.

Recordaba a cada momento el rostro de aquel anciano, a cuyo hermano yo conocía muy bien, pues fue por iniciativa de éste que se construyó aquel imponente edificio en lo alto de la colina, con todas sus decoraciones, con todos sus detalles, con todo su personal: enfermeras, cocineras, personal de limpieza, etc.

Fue un conjunto de cosas que se hizo para que aquel Papa, que había abdicado, pudiera pasar confortablemente sus últimos días, en compañía de algunos obispos y sacerdotes ancianos.


FIN